POEMAS- CUENTOS - RELATOS - BIOGRAFÍAS - CANCIONES - VIDEOS - GRANDES AUTORES - POETAS -

"Queremos que cada palabra ilumine tu rostro, roce tu alma, te eleves y echemos juntos a volar"




ROZANDO EL ALMA: GRUPO CASIOPEA LITERARIO


miércoles, 21 de octubre de 2009

FRASE DEL DÍA

El arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma.

Auguste Rodin

lunes, 19 de octubre de 2009

MARIO BENEDETTI (3 poemas)

ROSTRO DE VOS
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias

y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto y por sabor.
Sin un temblor de más,
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren,
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor.
Yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan la jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos.
Y es una soledad
tan desolada.



TE QUIERO
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.


ASUNCION DE TI
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,

tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
vengo un poco a ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.


Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu dueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.

MARIO BENEDETTI (biografía)


RESEÑA BIOGRAFÍCA
Nació en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó. el 14 de septiembre de 1920.

Es un excelente poeta, novelista, dramaturgo, cuentista y crítico. Se ha desempeñado como Director del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Humanidades y Director del Centro de Investigación Literaria en La Habana.
Realizó varios trabajos hasta que en 1945 se dedicó al periodismo.Logró un gran éxito con sus libros poéticos y narrativos, desde Poemas de la oficina, 1956 y Montevideanos, 1959,por el retrato social y la crítica, de índole ética, que el escritor planteaba. Publicó posteriormente: El país de la cola de paja, 1960, y dos novelas importantes. La tregua, 1960, historia amorosa, de fin trágico, entre dos oficinistas, y Gracias por el fuego, 1965, una crítica más amplia de la sociedad nacional, con la denuncia de la corrupción del periodismo como aparato de poder.
Escribió una novela en verso: El cumpleaños de Juan Ángel, 1971, así como cuentos fantásticos: La muerte y otras sorpresas, 1968.
En la novela Primavera con una esquina rota, 1982, tomó el tema del exilio.
Entre su obra poética rscribió: La casa y el ladrillo, 1977; Vientos del exilio, 1982; Geografías, 1984; Las soledades de Babel, 1991. En teatro, Pedro y el capitán, 1979, y en ensayo, libros como Crítica cómplice, 1988; El desexilio y otras conjeturas, 1984.
En 1997 publicó la novela Andamios, autobiográfica. En 1998, La vida, ese paréntesis (poesía) y en el mes de mayo de 1999 obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina SofíaEn 1999 publicó el séptimo de sus libros de relatos, Buzón de tiempo, integrado por treinta textos. Y Rincón de haikus.
En marzo de 2001, obtuvo el Premio Iberoamericano José Martí en reconocimiento a toda su trayectoria literaria.
Mario Benedetti fallece el día 17 de mayo de 2009 en Montevideo, a los 88 años.

FRASE DEL DÍA

Gran parte de la vitalidad de una amistad reside en el respeto de las diferencias, no sólo en el disfrute de las semejanzas
James Fredericks

miércoles, 14 de octubre de 2009

GIOCONDA BELLI (biografía y tres poemas)


Reseña biográfica

Nacida en Managua (Nicaragua) en el año 1948,siguió a Ernesto Cardenal y a Claribel Alegría que habían inaugurado una nueva visión de sentir la poesía y de renovar las letras de su país. Gioconda Belli, en su primer libro,Sobre la grama (1974), sorprendió con sus poemas eróticos,en los que el cuerpo y sus instintos se mueven con la misma libertad y leyes de la naturaleza. Esta línea poética no la abandonó pero sus obras siguientes están teñidas por preocupaciones políticas y sociales, como Línea de fuego (1978), Truenos y arco iris (1982) y De la costilla de Eva (1987), en la que muestra una clara conciencia de mujer y reflexión sobre la condición de las mujeres en la sociedad. Los mismos planteamientos se ven en sus novelas: Amor insurrecto (1987),La mujer habitada (1988) y Sofía de los presagios (1991).

RECORRIÉNDOTE
Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.




ABANDONADOS

Tocamos la noche con las manos
escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,
sobándola como la piel de una oveja negra.
Nos hemos abandonado al desamor,
al desgano de vivir colectando horas en el vacío,
en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,
intrascendentes,
sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.
Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,
sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,
el hueco de un sacabocados en el pecho,
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol
que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad
y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.
¿Cómo volver a recapturar el tiempo?
¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,
hacerlo retroceder acobardado
por nuestra inquebrantable decisión?
Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento
que perdimos.
Nadie puede predecir el pasado

cuando ya quizás no somos los mismos,
cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle
donde
alguna vez
pudimos
encontrarnos.


EN LA DOLIENTE SOLEDAD DEL DOMINGO...

Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates

coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.

LA FRASE DEL DÍA

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Antoine de Saint-Exupery

martes, 13 de octubre de 2009

VACÍO DE ESPERAS por LILIANA SAVOIA


Una ausencia inevitable
pesa en el ambiente
El café se detiene
en el borde de la taza.
No hay aroma
del otro lado del viento.
La melodía empastada de murmullos
se instala
en tu silla,
ahí, donde tu sombra dibujaba
figuras chinescas, y,
la madera cantaba viviente
bajo tu risa.
El reloj se detiene caprichoso
en la hora exacta
de tu llegada.
El instante arde y no es tuyo
Se convierte en cenizas
de un fuego
que el deseo ya no quiere
encender.
                                         Liliana Savoia

La frase del día

"El arte es el espejo mágico hecho para reflejar los ensueños invisibles.Se emplean los espejos para verse la cara, se emplea el arte para verse el alma. "
George Bernard Shaw

lunes, 12 de octubre de 2009

OCTAVIO PAZ (algunos poemas)


DOS CUERPOS
Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
 y la noche relámpago.
                                                                                                              

                                                                      COMO QUIEN OYE LLOVER

Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,tú
y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.



TOCA MI PIEL

Toca mi piel,
de barro, de diamante,
oye mi voz en fuentes subterráneas,
mira mi boca en esa lluvia oscura,
mi sexo en esa brusca sacudida
con que desnuda el aire los jardines.
Toca tu
desnudez en la del agua,
desnúdate de ti, llueve en ti misma,
mira tus piernas como dos arroyos,
mira tu cuerpo como un largo río,
son dos islas gemelas tus dos pechos,
en la noche tu sexo es una estrella,
alba, luz rosa entre dos mundos ciegos,
mar profundo que duerme entre dos mares.
Mira
el poder del mundo:
reconócete ya, al reconocerme.

OCTAVIO PAZ (reseña biográfica)


SINTESIS BIOGRAFICA

Nació el 31 de marzo de 1914 en Mixcoac (Distrito Federal de México). Su padre era Octavio Paz, que había participado en la Revolución Mexicana
Su primer poema “Cabellera”, lo publicó a la edad de 17 años. A
partir de esa época, comenzó la creación y colaboración con revistas literarias,
siendo la primera “Barandal”, y luego, “Cuadernos del Valle de México”.
En 1933, apareció su primer poemario “Luna Silvestre”.
En 1937, ocupó el cargo de profesor rural en Yucatán,donde contrajo enlace con la escritora Elena Garro. Ese año viajó a España, durante la Guerra Civil Española, y participó junto a su esposa en el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en Venecia, publicando “Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España”, “Perfil del Hombre” y “No pasarán”. De esa época data su contacto con el poeta Pable Neruda.
Regresó a México en 1938, y colaboró en la creación del diario “El Popular”, siendo su redactor jefe. Ese mismo año, fundó la revista “Taller”, en colaboración con Efraín Huerta y Rafael Solana, donde pudieron expresarse jóvenes escritores españoles exiliados en México.
En 1939 publicó “A la orilla del mundo” y “Noche de resurrecciones”.
En 1940, junto a Xavier Villaurrutia fundó la revista “El hijo pródigo”.
La poesía inglesa llegó a su conocimiento a través de un viaje que realizó a Estados Unidos en 1944, al serle concedida la beca Guggenheim.
Entre 1946 y 1952, fijó su residencia en París, al ingresar al servicio Exterior Mexicano. Allí, conoció varias personalidades como André Bretón y Albert Camus. Sus ideas, bajo tales influencias se inclinaron hacia
posiciones antimarxistas y surrealistas. En este período nacieron las siguientes obras: “Libertad bajo palabra” (1949), “Piedra de sol”, “El laberinto de la soledad” (1950), “¿Águila o sol?” (1951) y en 1956 “El arco y la lira”.
El pensamiento oriental, de gran influencia en su creación le fue revelado a través de sus viajes a la India y Japón que realizó en 1951 y 1952, respectivamente.
En 1955, fundó “Poesía en voz alta”, grupo que consolidó con la colaboración de Leonora Carrington, Juan Soriano y Juan José Arreola. Colaboró con la “Revista mexicana de literatura” y con “El corno emplumado”.
En 1956 escribió una obra de teatro: “La hija de Rapaccini”. Ese mismo año fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia.
Regresó a Francia en 1960, y en 1962, fue nombrado embajador de México en la India. De este período, pueden destacarse: “Salamandra” y “Ladera este”.
En 1965, publicó un ensayo dedicado a cuatro poetas destacados: Luis Cernuda (español), Fernando Pessoa (portugués), Ramón López Velarde (mexicano) y Rubén Darío (nicaragüense).
En 1966 y 1967, respectivamente, surgen “Puertas al campo” y “Corriente alterna”.
El 2 de octubre de 1968, se produjo en México la matanza de estudiantes, y esto motivó su renuncia al cargo de embajador como acto de protesta.
Regresó a México en 1971, donde creó la revista “Plural”.
Publicó un poema en prosa “El mono gramático”, posteriormente “Los hijos del limo” (1974), “Pasado en claro” (1975) y en 1976, nace la revista Vuelta”, de gran difusión y prestigio.
En 1979, surge una obra política “El ogro filantrópico”.En 1981 se lo condecoró con el Premio Cervantes.
En 1982 publicó “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, en 1983 “Tiempo nublado” y“Sombras de obras”, en 1984 “Hombres en susiglo”, en 1987 “Árbol adentro”, en 1990“Pequeña crónica de grandes días” y“La otra voz”, distinguiéndoselo en ese año con el Premio Nobel de Literatura.
Entre 1991 y 1995 surgen: “Convergencias”, “Al paso”, “La llama doble”, “Itinerario” y “Vislumbres de la India”.
Tras una larga enfermedad, falleció en la ciudad de México, el 20 de abril de 1998.
Es un poeta de todas las horas. Prevalece en sus poemas la madurez del día,madurez gozosa que se identifica con el encuentro y el abrazo nupcial de lapareja. Paz, es el poeta de las nupcias: en sus textos líricos copulan el cieloy la tierra, el hombre y la mujer, los animales, los astros, las plantas, las palabras, y copulan alegre y satisfactoriamente. A través del amor y el erotismo, Paz descubre y puebla un mundo en el que el hombre y la mujer luchan,se despedazan y surgen nuevamente de sus cenizas.

sábado, 10 de octubre de 2009

TRES POEMAS DE OLIVERIO GIRONDO


12

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.



                                                      "Cansancio" óleo de Jose Luis Fuentetaja

CANSANCIO


Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuantos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.


Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabrá si es el mismo
que usé mientras vivía.


Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola autentica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.


Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.




NOCTURNO



Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

OLIVERIO GIRONDO (biografíco)

Reseña biográfica

Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos
Termina sus estudios juveniles de regreso a Buenos Aires y principia su actividad literaria. Comienza la carrera de Derecho y acuerda con sus padres no abandonar la carrera si consienten financiarle visitas periódicas a Europa en período vacacional. De esta manera, se hacen más frecuentes los viajes a Europa y en ellos entabla relaciones literarias y amistosas con poetas y artistas del continente europeo, que le introducen en los diversos círculos de las nuevas corrientes estéticas.

Publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925, «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
En 1943, después de una duradera relación, Oliverio Girondo y Norah Lange deciden contraer matrimonio
Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas. En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967. ©

viernes, 9 de octubre de 2009

JUNTAS POR SIEMPRE por PATRICIA TORRES


Juntas por siempre

Resueltas a darle fin a un eterno conflicto, se encontraron en un lugar deshabitado, lejos de todo y de todos. Una con su humildad característica, la otra, con su inagotable soberbia.
Como siempre, su llegada fue puntual, se sentó en una roca y se dispuso a disfrutar del tibio sol que reinaba en ese momento, mientras sus pensamientos se ordenaban lentamente. Cuando ya estaba cansada de esperar, desde lejos, la vio venir, con un despliegue que era usual en ella. El viento se arremolinaba a su paso, levantando gran cantidad de polvo, haciendo girar cardones y opacando cuanto estaba a su alcance.
Se colocaron una frente a la otra, se dispusieron a comenzar la más cruel y sangrienta batalla que jamás se hubiera librado sobre esta tierra. Eran una vez más, y como siempre, la fuerza del bien y la fuerza del mal, preparadas para ver quien saldría triunfante.
El bien, con la amabilidad de la que siempre hacía alarde y sin intención de tomar ventajas, dio a elegir al mal, las armas con las que lucharían. El mal, sabiéndose ganador desde un principio y sin darle importancia a los pequeños detalles de la cuestión, invadido por la impaciencia que hacía que los pensamientos se mantuvieran aletargados o colocados en un segundo plano, se dejó influenciar por el apuro y eligió a la palabra como el arma que se usaría para atacar y defenderse en esta lucha.
Por supuesto, había tenido en cuenta que ella producía las heridas más profundas, difíciles de cicatrizar y que a veces podían ser mortales para el bien, que por haber sido el primero en llegar al lugar, tuvo derecho a la frase inicial. Como es de imaginar, intentó que fuese para convencer al mal a desistir de semejante despliegue y evitar que alguien fuese lastimado, algo que al mal tenía sin cuidado ya que encerrado en su egoísmo no podía medir las consecuencias.
En ese intercambio constante e infructuoso, comenzaron una pelea casi interminable. El bien sangraba por todas partes y el mal estaba bastante golpeado, el cansancio que había acudido en su ayuda, se estaba apoderando de él, además, como no tenía convicciones demasiado arraigadas y era presa de esta situación que le provocaba un gran aburrimiento, resolvió hacer un trato que obviamente, lo beneficiaría.
El bien, que si bien era humilde se sabía indispensable, aceptó, porque consideró que sin él, la humanidad estaría perdida.
Pactaron seguir como hasta en ese entonces, librando pequeñas luchas diarias en los seres humanos y dejando al libre albedrío de cada uno la elección, sabiendo ambos, ya que a ninguno le faltaba inteligencia, que se lograría un predominio de uno de los dos en cada ser; lo absoluto, en este campo jamás podría existir, porque detrás de cada ser malo, la bondad estaría para convencerlo de lo contrario y detrás de cada ser bueno, la maldad intentaría ejercer su influencia.
Lo más triste de todo, fue que dejaron a la palabra como el arma más potente que podría seguir usándose, eligiendo, algunos, emplearla como un emblema de destrucción infalible, a pesar que otros, supieron ser creativos y formar con ella frases donde el alma encontrase un real regocijo, acto que al bien lo autorizaría a embanderar su triunfo, aunque hasta lo más hermoso, podría ser fuente de malos entendidos, motivo por el cual, el mal se permitiría por todos los tiempos esbozar la más siniestra de las sonrisas.
(Publicado en el libro Rozando el alma)

miércoles, 7 de octubre de 2009

EL TIEMPO por GRACIELA ZECCA

EL TIEMPO

La arena se desliza presurosa,
a llegar a su meta transitoria,
quizás, una mano guardiana del tiempo
revierta su final,
para volver a retomar el camino.

Una y otra vez minúsculas partículas
viajan incansables a través del fino cristal.
Una y otra vez se suceden
como hormigas laboriosas buscando su guarida,
acumulando

Y así como se desgrana el polvo
en la inmensidad del vacío,
los segundos, los minutos, las horas,
marcan la culminación del día,
arremetiendo la noche,
cual espina en la piel,
pariendo soledades.
Una y otra vez lo cansino,
girando como ruleta de feria,
desteñida, sombría…

Soledades que no se menguan,
y sucumben ante fluidos de otros cuerpos,
alientos y suspiros que llenan el aire,
pieles fundiéndose,
bocas devorándose.
Y el tiempo, ahí detenido,
…solo siete minutos,
en que la arena,
se durmió en el camino.

Graciela Zecca
(Publicado en el libro Rozando el Alma)

martes, 6 de octubre de 2009

UN SUEÑO DE PLATA por MABEL DÌAZ

Un sueño de plata

Un brillante y poderoso ejército, protegía a la Luna, eran las estrellas vigías, sus filosas puntas de cristal se rozaban en forma constante y en cada uno de sus recorridos sembraban la fría sensación del fragor de la guerra, intimidando a los habitantes del cielo.
A pesar de poseer tan magnífica protección, el reinado de la soberana no era absoluto, tenía un rival, el sol, de quien se decía era más fuerte, porque nadie lo respaldaba y se adueñaba del día, enviando a dormir a la luna junto a su séquito de estrellas.
Era una guerra tenaz, silenciosa entre dos reyes de ego muy alto, lo demostraban en sus atuendos, uno cubierto de oro el otro en plata. Destellaban en sus reinados, nada los superaba.
Más de una vez la luna envuelta en la tristeza de no poder conseguir su objetivo, se ocultaba en la noche, para no molestarla, las plateadas guardaespaldas, también hacían lo mismo. Después, cuando su ánimo mejoraba, iba saliendo con cierta timidez, riendo de algún chiste que le contaban al oído, su carácter se fortalecía nuevamente y se mostraba radiante con su cara llena de luz.
Un día, quiso el destino cruzarlos y se abrazaron en lucha.
Con el sólo fin de apagar la luz del otro dejaron al mundo en la más absoluta obscuridad.
El temor de los niños tan sensible a las tinieblas estalló en llanto, llenaron los ríos desbordando sus cauces, transformando a la tierra en un intenso diluvio.
La luna y el sol que siempre amaron a los niños, se dieron cuenta del desastre provocado por el viejo rencor, abandonaron la riña prometiendo que nunca más pelearían, resaltando los sentimientos sobre las cosas materiales y ellos tenían que dar el ejemplo.
Ahora la luna junto a su séquito de estrellas cuida a los niños de noche regalándoles sueños de plata y deja todas las puertas del cielo abiertas, para que entre su amigo el sol y los lleve a jugar hasta el cansancio.
Luego volverán felices a dormir junto a ella.


Mabel Díaz

lunes, 5 de octubre de 2009

Los anaqueles y los sueños



Se guardaba los problemas para sí misma. Era una manera de protegerse. Sentía que si los expresaba en voz alta ellos adquirirían una dimensión diferente.
Eran tantos y tan variados que resolvió clasificarlos. Lo hacía por si alguna vez decidía consultar a un terapeuta, o más bien para análisis personal, no fuera cosa de que olvidara alguno y la cadena se interrumpiese.
Fue por eso que cambió sus músculos por anaqueles. Comenzando del cuello hacia la cintura formó cinco. Uno alargado que iba desde el nacimiento del brazo derecho hasta el izquierdo atravesando el pecho, en ese espacio colocó los más angustiante, cerca de la garganta, porque allí los percibía como nudos.
Debajo dos pequeños, a ambos lados con perilla de cristal. En el izquierdo puso los referentes al amor, era allí, sobre el corazón, donde se estrujían.
Al lado, los recuerdos. Debajo los familiares, ese cajoncito era tan grande como el primero y el último. Tuvo que hacerlo así. Es que abundaban y no quería perder ninguno. Uno a uno los fue organizando, colocando también otros temas en los usuales del mobiliario de su habitación. Cuando consideró que eran suficientes quedó satisfecha
Por las noches, en la soledad de su dormitorio, abría uno por uno los cajoncitos y trataba de compenetrarse con la historia que había sacado al azar.

Hoy abrió el cajoncito donde se encuentran los recuerdos del abuelo. Hacía siglos que tenía en mente hacerlo, pero siempre había otros que tenían prioridad.
Pero esta noche dispuso las cosas para poder navegar en su pasado. Se cómodó envuelta en el camisón beige, el que usa cuando el calor agobia.
En el primer intento le costó la apertura. Estaba como trabado. Es que el tiempo y la humedad suelen hinchar la madera y esa cómoda de un solo cajón tiene muchos años. Vio nacer a su madre y a la madre de su madre.
Pero la paciencia fue siempre su aliada y haciendo balanceo de derecha a izquierda pudo al final abrirlo.
Dentro, la miraban ajadas, algunas fotos y notas escritas a pluma y tintero.
No podía precisar la fecha de los acontecimientos pero la palabra muerte aparecía repetida en los renglones de los amarillentos papeles.
Ensordecía el ruido de las balas y las trincheras estaban inundadas de agua y sangre.
La fotografía mostraban unos muchachos uniformados cargando fusiles. Se abrazaban en un estrecho apretón, como si juraran estar siempre unidos.
El mueble fue tomando una dimensión diferente, aislado de su entorno, se iba convirtiendo en unas maderas deslucidas y extrañas. Las sombras de los recuerdos que han huido se alargaban, dirigiéndose en hilera hacia un horizonte que Elena no puede precisar
Qué extraño, ella nota, que puede verse apoyada en la cómoda alta, con el cajoncito abierto desbordando imágenes pintados en magenta y azulino. Está parada, luce desvanecida, como transparente. Su camisón sólo se puede adivinar por los pliegues de la tela translucida. Se encuentra apoyando su codo sobre la base del mueble. Sólo la mano derecha, se ve corporizada, la misma que usó para clasificar los manuscritos


Desde su cama Elena podía palpar los cajoncitos. Estaba segura que en alguno de ellos había guardado el libro que conservaba desde su infancia. Hacía bastante tiempo que no lo leía y como el deseo iba en aumento sintió la necesidad de buscarlo para hundirse en el dulce placer de la lectura.
Siempre que sus ojos se deslizaban por sus renglones su vida parecía cambiar. Hoy necesitaba un cambio. Nadie más que ella sabía cuanto.
Entre un sinfín de de papeles, la edición de bolsillo apareció entre sus dedos como en un acto de magia. Creo que estaba allí, esperándola, sabiendo que le hacía falta.
Lo tomó entre las manos deleitándose por anticipado. Fue salteando desprolijamente las hojas hasta encontrar la que le hacía remontar sus recuerdos. Leyó con fruición:
“Leshten.
”Casas blancas con barandas amplias y techos de piedra, esparcidas por el valle. Laberinto de callejuelas empedradas. Típico mesón en la plaza del pueblo donde se come de maravilla las auténticas delicias búlgaras de la región
Si amas la calma aquí podrás encontrar reposo en alguna casa auténtica, lejos del ajetreo de la ciudad, y recoger vos mismo los frutos de la huerta para la comida.
Los anfitriones hospitalarios te llevarán de paseo por la montaña en caballo o a pie, a recolectar hongos y hierbas, a pescar, a cazar…”
Mientras pronunciaba las últimas palabras, el libro se fue desprendiendo de sus dedos para sobrevolar el dormitorio e internarse en el paisaje de sus sueños. En bandada, con otros ejemplares de la misma edición parecían pájaros exiliados en busca de su nido.
Elena los miraba desde una casa blanca, al ras del pasto, en la campiña, solo tiene ocho años.


La ropa impregnada de presencia se acomodaba sobre la banqueta como esperando. El amplio ropero albergaba muy pocas prendas y un centenar de cartas apiladas de a diez y rematada cada pila con un moño amarillo.
La luna del espejo devolvía un millar de cajoncitos. Decidió abrir el de la izquierda, debajo del amplio, que se encuentra empotrado en el borde de la garganta, cree que hoy hurgar en él sería lo más apropiado.
Hoy se cumple un mes de la partida de Gabriel. Elena huele en el anaquel el aroma de sus manos. Dejó olvidada la birome que lo acompañaba en las horas de insomnio, Con ella dibujaba sobre el papel las letras que en frases cripticas le había obsequiado y ella decodificándola las había guardado con celo, al abrigo de otras miradas.
Se preguntaba si otra sería igual para inspirarlo en esas noches de café y estrellas. De todos modo no lo sabría, dudaba que fuera ahora ella la destinataria de poemas y cartas
No se atrevería a conservarla. Le duele el plástico transparente y verdoso que empuñó para la despedida.
Cómo un objeto tan pequeño puede desgarrarle así el alma.
De rodillas junto al cajón, frente a la ausencia, decide de improviso el destino para la pluma y las pocas prendas que él dejó abandonadas.
En el jardín aguada un pozo no muy profundo como pretende que sea el dolor. En él enterrará los restos de su presencia en la casa.
Guardará las cartas como emblema de su historia, como flagelo de las noches que pasará en vela junto a su letra desgarbada. Elena las colocará en el cajoncito y cuando crea conveniente, cuando curen las heridas, las sacará a tomar sol junto a las margaritas, para poder desprenderse finalmente de ellas sin tener que deshojarlas.


El cajoncito desbordaba melodías. Lo más probable es que hubiera sido eso lo que la atrajo para abrirlo en esa noche donde el silencio rompía en llantos.
Al descorrerlo las pertenencias guardadas se desbordaron como caja de Pandora.
Las partituras eran de tía Alicia, se las había regalado cuando Elena apenas tenía ocho años y el piano de cola gobernaba el salón de la casa paterna y juntas hacían vibrar con sus teclas los vidrios de la sala.
Elena siempre fue de esas personas que guardan y atesoran los regalos de cumpleaños así que los papeles llevaban más de cincuenta en el cajoncito de la derecha, donde descansaban los recuerdos de familia.
Apenas abrió el anaquel, el instrumento se desplegó abarcando toda la superficie libre de la habitación. Era imposible no tentarse de tocarlo. Hacía varios años que no lo hacía pero sus dedos corrieron sobre las teclas carreras alocadas y certeras.
Una sonata de Bach se colgó del pelo de Elena y lo tiraba con tanta fuerza que hizo correr lágrimas sobre su mejilla.
Junto con el piano se descolgaron también unas fotos de la tía. En una de ellas empuñaba como trofeo un ramo de novia. Un lánguido vestido le cubría el alto del talle.
No se sorprendió cuando Alicia se sentó a ella y después de arreglarse la cola de satén del atuendo, descorrió el velo de tul y esgrimiendo esa sonrisa tan típica de ella la invitó a un dúo nocturno.
Desde la otra habitación las voces se empeñaban en acallar los acordes

Se sintió algo incómoda por lo que estaba sucediendo. Siempre, el hábito de clasificación y orden era nocturno. Nunca le había sucedido de día y menos aún fuera de su casa.
Elena se preguntó si no estaba perdiendo la cordura pero instantáneamente se retractó para sí.
“Lo que estoy registrando pertenece al campo de la realidad. Lo que estoy registrando pertenece al campo de la realidad”… Lo repitió varias veces pellizcándose la mejilla.
El cajero se encontraba del otro lado del mostrador, enfundaba su cuerpo excedido de peso con un traje oscuro y parecía pronto a morir ahorcado por la corbata.
Elena tuvo un súbito nexo con el hombre y sin que mediara diálogo alguno siguió sus órdenes. Abrió el cajoncito que se encontraba delante de ella, justo en la frente del cajero. Tiró del botón sin tener que introducir ningún código. Era visto que solo estaba dispuesto para ella.
Tomó el dinero que era justo lo que venía a retirar y se marchó sin saludar pensando en el próximo cliente que seguía en la fila



Era un ángel femenino, Elena nunca había visto a un ángel femenino. Ángeles, había visto, sí, de eso estaba segura, pero masculinos.
Bellos, regordetes o estilizados, de exquisitas y cuidadas alas. ¿Pero una flacucha tan alta y con esas plumas tan desprolijas, como si la hubiese sorprendido un huracán?
No, era la primera vez. Por eso miró a atentamente a la figura que se sentaba junto a su cama.
Tan pronto estuvo a su lado supo que eran almas gemelas, era como verse en un espejo. No por nada esotérico ni astral ni religioso, ni carnal, sino porque compartían el mismo placer de clasificar cajoncitos.
Ésto le dio tanta emoción a Elena que las lágrimas carretearon sobre sus pómulos para perderse en el sabido canal de los labios.
Estuvo tentada de preguntarle al ángel que guardaba en ellos, pero se contuvo. A ella no le gustaría que le preguntaran sobre sus pertenencias. Así que sólo observó.

Las manos delgadas y pálidas del ángel comenzaron a desplegar los anaqueles. Empezó por los pequeños que estaban incrustados en los pechos, allí conservaba fotos de niños muy pequeños.
Luego desplegó uno mediano. Aparentemente guardaba sus pastillas, de infinitos colores y tamaños. ¿Estaría enfermo el ángel?
A continuación abrió otro. Enorme. Un revoltijo de documentos, impuestos sin pagar, facturas de luz, gas y teléfono, Obra Social. Un embrollo.
Por último se detuvo en el más pequeño. Lustroso y con un botoncito de perla. Adentro se podía observar un papel escrito.
A Elena le dio tal curiosidad que estiró sus dedos como indicándole que se lo mostrara. El ángel entendió claramente y colocó el papel entre sus dedos. “el día es hoy, remítete al cajón mediano. Ya sabes el color de las que debes elegir.”
Exiliada en su propio mundo abrió y cerró por última vez los cajoncitos para perderse en el sueño.

Certamen Arauco voces del tiempo 2009 narrativa- Aimogasta 2009
I Premio cuento

sábado, 3 de octubre de 2009

DONDE... por GRACIELA ZECCA


DONDE…

Donde las aves llegan,
donde los barcos se pierden,
donde el eco de tu voz
se hace mi propio silencio.

Anclaje de susurros
atrapados en infinitos momentos,
sin horarios ni días contados,
sólo en las inmensidades ineludibles
de nuestra propia existencia.

Recóndito lugar, donde
refugiamos nuestras penas,
los ahogos, las tristezas,
el desgaste de lo cotidiano,
el devenir de sentimientos
que se escabullen en
una isla distante,
en un mar efímero,
en medio de nuestros corazones.
Graciela Zecca
(del libro Rozando el Alma)

miércoles, 30 de septiembre de 2009

ORQUÍDEAS por PATRICIA TORRES

Orquídeas

La vida en las flores y las flores sin vida, se involucraron en mi existencia.
En noviembre de 2007 estuve por voluntad propia en un sitio cuya imagen me persigue al cerrar los ojos. Era una habitación chica, con tres paredes blancas y una, la del costado izquierdo, de color maíz. Desde el muro del fondo, me seducía un bonito cuadro de marco azul petróleo. En la pintura se veía una maceta blanca apoyada sobre la parte superior de una columna de yeso.
De la maceta, ubicada hacia la derecha, pendía de su tallo, una flor. Una orquídea amarillenta con pequeñas pinceladas naranjas, abierta ya desde hacía mucho tiempo, a su lado un pimpollo se exhibía erguido, insolente en su inexperta juventud.
La primera, mostraba su cansancio. Había pasado su esplendor. A pesar de ello, conservaba la belleza de los últimos tiempos. Inspiraba ternura e impotencia.
Nada ni nadie podrían evitar el final, ese desenlace tan previsible como indeseado. Ni siquiera el artista que dejó esta estampa inmóvil, podría frenar el episodio que se repetía en la mente de cada observador.
Enfrentando a esa pared, otro cuadro, que ni siquiera recuerdo con exactitud ya que su arte se veía empobrecido comparado con el de la planta.
Dos camas de una plaza, con sábanas blancas y acolchados, dos mesitas de luz, sillas casi cómodas con tapizado maíz y bajo el hermoso cuadro de la maceta, también en la pared del fondo y amuradas sobre ella, dos lámparas doradas, dos llamadores, dos tubos de oxígeno, dos soportes de suero. Ocupando las camas, dos mujeres padeciendo.
En una de ellas no repararé, ya que tenía la juventud de la insipiente orquídea, y se la veía plena como a ese capullo. En cambio, la otra, Pepa, se estaba quedando sin fuerzas. Sus noventa y cinco años se evidenciaban en cada rincón de ese desgastado cuerpo de estructura ósea importante, con cabellos blancos tirados hacia atrás, de ojos siempre cerrados, con la boca semiabierta, preparada para respirar su última bocanada de aire. Un desconsiderado Alzheimer la acosaba desde tres años atrás, haciendo menos conciente su penosa existencia.
Pinchazos, medicamentos, sangre y alimento en bolsitas. Gritos y más gritos de dolor al mover el cuerpo para airear esa dolorida espalda.
-¡¡Dios!! ¡Si mis ojos insensibles entendieran tu mirada piadosa!- Pienso en voz alta, en forma involuntaria.
Pepa grita como puede, se queja, su dolor es tan marcado que duele a quien la mira o a quien la escucha. Sonia, sin embargo, se moja las manos en agua bendita y se las pasa por el cuerpo rogando por una mejoría. No quiere que se vaya e intenta retenerla. Le frota los pies hinchados sin ver el gesto de sufrimiento que ese rostro expresa. Los finos y envejecidos labios se mueven sin control, queriendo bramar, pero sin respuesta en la voz.
La sucesión de los días venideros fue idéntica, se repitieron los gemidos, el dolor, la súplica.
- Pepa, Pepita, Pepona -le dice Sonia que la cuida con amor.
-¡Piedad! ¡Dios! ¡Piedad!- vocifera Pepa.
Los recuerdos después de esa exclamación desgarradora, escalofriante, se tornan confusos. En mi mente se reproduce en secuencias la misma imagen que pude ver al levantar la mirada. La vieja orquídea dibujada cayendo hasta apoyarse feliz sobre la parte superior de la columna de yeso. En ese mismo instante, la flor joven, comenzaba a perder su condición erguida.
La confusión, el dolor y el cansancio manejaron al entendimiento.
Al recuperar la cordura y mirar el cuadro, vi las dos flores desprendidas del tallo, descansando una junto a la otra.
Me invadió una enorme angustia.

Patricia Torres
(Publicado en el libro de los talleres de editorial Dunken)

lunes, 28 de septiembre de 2009

ESPERANZA por MABEL EVA DÍAZ

Tenía tanta esperanza,
que me puse a pintar todo de verde.
Verde la cama, verdes las paredes,
verdes las calles, el horizonte verde.

Tanto verde se metió en mis entrañas,
que me transformé en árbol.
Eché raíces y mis brazos se extendieron,
formando ramas, para tocar el cielo.

Me subí a lo más alto
de mi frondosa copa,
para contarle al mundo
de mi felíz esperanza.

Luego lloré savia , cuando me cortaron.
Se achicaron las hojas cuando me quemaron.
Aún así de rodillas, con mi tronco caido
seguí exhalando verde.

Todavía me quedaba
tanta esperanza para pintar.

Mabel Eva Díaz
(Del Libro de los Talleres IV
Editorial Dunken)

SER por LILIANA SAVOIA



SER

Y quiso ser.
Ser hoja de otoño
que el viento remonta y agrieta
Ser nube grisácea que viaja
entre lunas , dejando huellas.
Ser agua de vertiente
clara,
pura,
fresca.
Vida para un sediento
Humedad para la tierra
Ser noche
de profunda luna clara
que inspire a algún poeta.
Andar con las manos vacías
pronta a recoger arena
y escurrirla entre los dedos
entre el ir y venir de la marea.
Ser pájaro que emigra
buscando tibias praderas.
Y fue ciclo.
Y verbo.
Aliento quebrado.
Cuerpo líquido.
Silencio.
Entrega.

Liliana Savoia
(del Libro "Rozando el Alma)