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"Queremos que cada palabra ilumine tu rostro, roce tu alma, te eleves y echemos juntos a volar"




ROZANDO EL ALMA: GRUPO CASIOPEA LITERARIO


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miércoles, 12 de octubre de 2011

MICRORELATOS por GRACIELA B. ZECCA


Tomó una hoja de papel la dobló en pequeñas proporciones y la depositó debajo de la pata gastada de la escalera, ahora nivelada. Se aseguró que su ascenso al cielo no sufriera tropiezos.
Una vez llegado a lo más alto, debía arrinconar a la luna, para pintar el cielo de rojo.
Estaba cansado de las noches oscuras, al menos ese  era un color agradable para los enamorados.

2-
Imprimar su perfume en aquellas sábanas blancas, ahora teñidas de muerte, fue su gran error. Muy a pesar de las precauciones que había tomado. Siempre se dejan huellas, aunque se esparzan en el aire o en un trozo de tela.


3- 
Se sintió acosada  por las sombras que la perseguían. En la negrura de la noche buscó refugio en vano. Seis pasos delante de ella, bajo un farol se recortaba una figura que la esperaba. Afilaba lo que tenía entre sus manos contra la pared. Ya no había retorno.
Se santiguó  y esperó  su destino.

domingo, 14 de agosto de 2011

Manías por Graciela Zecca



Soy ladrón no lo niego, mejor dicho arrebatador. Mi fuerte son los bolsos de las mujeres. Y si son viejas e inofensivas mucho mejor. Así me gano la vida,  me doy todos los gustos. Estudié hasta el secundario pero no pude conseguir un trabajo digno y así sin quererlo por desesperación al principio termine siendo lo que soy.
        Desde que comencé con esto, podría decir que no solo el dinero hallado en cada cartera es importante para mí. Disfruto analizando que contiene cada una. Es increíble sumergirse en el bolso de cada mujer e invadir su privacidad.
        A través de su contenido puedo forjarme una personalidad de mi victima de turno.
        Si hallo anteojos de aumento es señal que es miope o va camino a serlo. Si en cambio encuentro gafas de sol, significa que se cuida del mismo, no quiere tener arrugas y menos envejecer.
        Si usa pañuelos descartables es practica, no le interesa perder tiempo. También podría ser que sea alérgica o llorona si encuentro más de un paquete.
        Si lleva cigarrillos obvio que fuma, si no tiene encendedor es de las que gustan andar molestando pidiendo fuego o bien lo usa de excusa para acercarse a un tipo e iniciar una charla.
         Por lo general las fumadoras siempre llevan chicles o pastillas de mentol, para ocultar el aliento a tabaco. Si no fuma y los lleva, indudablemente tiene mal aliento.
         Otro elemento que suelo encontrar es perfume y cuando una mujer lo lleva en la cartera es que siempre desea oler bien. El aroma atrae los moscardones, no hay dudas es una cazadora.
Maquillaje, desde labial, lápiz de ojos, rubor, seguramente es para retocarse en el transcurso del día, lo cual también me indica que no solo quiere verse bien, sino que una mujer pintada esta preparada para una guerra.
          De lo que me armé una gran colección es de abanicos. Tengo más de cincuenta, de todos los colores, procedencias y tamaños.
          Siempre están presentes en las carteras de las mayorcitas, en verano seria lógico tenerlos, pero en invierno no hay duda como dice mi madrina, que andan con  “los calores de la edad”
          Pero mi debilidad es todo lo que contiene una billetera, desde fotos viejas en blanco y negro, pasando por fotos carnet de los nenes, estampitas de algún santito milagroso, tarjetas usadas de colectivos, que me pregunto para que carajo las guardan, tickets de supermercado y las tan famosas tarjetas de créditos, que a mi no me sirven, con esas nunca me meto.
          El documento de identidad si que tiene historia, desde los mas ajados, desteñidos hasta los nuevitos, casi siempre replica del original.
          Disfruto viendo esas caras que en estos momentos estarán  echándome toda clase de maldiciones, porque no solo me lleve su dinero, sino que metí mis narices en su intimidad.

miércoles, 19 de enero de 2011

EL CAZADOR DE SUEÑOS (microrelato) por GRACIELA ZECCA




Deambulaba por el mundo haciendo su trabajo nocturno.
Expectante y dispuesto a realizarlo con eficiencia, se pasaba largas horas sentado frente a una enorme bola de cristal visualizando los sueños de los mortales. Siempre atento a seleccionar aquél que fuera especial, que se diferenciara de los otros, que contuviera una extrema dosis de locura, para luego tele transportarse raudamente hasta el sitio donde había sido gestado, alcanzarlo con su red y llevárselo consigo.
En el viejo castillo que habitaba, exhibía en las paredes de las habitaciones, su colección de sueños atrapados.
Los había de todos los colores, formas y tamaños.
Porque la locura es como los perfumes caros, los más pequeños casi siempre tienen una dosis mayor de concentración y son inigualables.
Su única prohibición era atrapar sueños normales.
A ciencia cierta no se sabe desde cuando fue empleado para tan minuciosa tarea, se dice por ahí que hace tiempo se escapó de un hospital neuropsiquiátrico.

viernes, 1 de octubre de 2010

DELETE por GRACIELA ZECCA


“Comenzó a recordar con mas precisión los objetos que habían poblado su vida”
al releer el diario íntimo que hacia tantos años atrás había escrito, en él pudo comprobar que alguna vez tuvo una muñeca de porcelana vestida de gitana, un oso de peluche negro y blanco, un arlequín de colorido ropaje verde y amarillo, con cascabeles en su gorro. Muñecos que le fueron regalados en su octavo cumpleaños.
Al seguir leyendo se acordó de la cajita de música a cuerdas, de la cual al abrirla una graciosa bailarina vestida de blanco, giraba al compás de la música de un vals vienés.
Cuanto tiempo esa melodía acompañó sus sueños no lo recordaba, y menos aún el destino de la misma.
Comprobó que alguna vez tuvo una gran colección de discos de vinilo en la que sobresalían, Los Beatles. Levemente sonó en su cabeza: Let it be, pero ni siquiera pudo acordarse de la letra.
Trató de seguir leyendo con más atención para recordar a los integrantes de una foto pegada en una de las páginas. Caras desconocidas en este momento, pero que intuyó que alguna vez fueron parte de su vida. Al verlos sonrientes dedujo que fueron tiempos felices que compartieron con ella.
Sin embargo le costó verse ahí retratada. Buscó un espejo y se miró en él. Sintió pesar y tristeza, no se reconocía.
Era la imagen de una extraña la que se reflejaba.
Fue hasta la cocina donde se hallaba el hombre que decía ser su marido y le dijo:
- acabo de darme cuenta que no sé quien soy, no pretendas que recuerde quien eres o que haces en mi vida, solamente deberé creerte que no me estas mintiendo.
Él se acercó para abrazarla. Rodaron sobre sus mejillas lágrimas. En ese momento comprobó con veracidad el diagnóstico del médico. Pensó: tan cerca y tan lejos, la voy perdiendo cada día. Se preguntó: -¿como podré llenar ese abismo que nos separará aún más con el tiempo?
Dejó de pensar para abrazarla con todas sus fuerzas, quizás seria la última vez que ella se dejara abrazar.


[1] (del cuento: Los objetos de Silvina Ocampo)

sábado, 25 de septiembre de 2010

1293 Maneras de calificar, decir y accionar por GRACIELA ZECCA

La distancia:

Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.

Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.

Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.

Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.

Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.

Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.

Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.

Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.

Arrasa, destruye, prohíbe,
consume, reprende, extingue,
concluye, disipa, desgaja.

Aparta, oculta, separa,
despoja, suprime, abate,
desconsuela, hiere, roba.

Aflige, acongoja, arranca,
extirpa, desarraiga, extermina,
esparce, desgasta, descuaja.

Apena, resiente, percibe,
conmueve, oprime, persuade,
cansa, musita, repugna.

Apesadumbra, fastidia, encubre,
desecha, supone, juzga,
desvanece, restringe, hastía.

Aburre, disfraza, secciona,
embauca, rebaja, tapa,
enjuicia, ciñe, mutila.

Aleja, dictamina, sentencia,
condiciona, provoca, lastima,
coarta , manipula, condena.

Agota, utiliza, cercena,
entierra, deroga, recata,
esconde , resiente, amputa.

Apremia, redime, subleva,
desune, odia, arrasa,
duele, carcome, roe.

Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.

Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.

Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.

Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.

Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.

Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.

Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.

Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.

viernes, 30 de julio de 2010

LAS MIRADAS por GRACIELA ZECCA


“DURANTE BREVES MINUTOS ESTUVIMOS HACIENDO NADA MAS QUE ESO: MIRANDONOS”
                                                                  Gabriel García Márquez

Mis pasos se hacían ágiles, pero a la vez temerosos. Deseosa de llegar, cruzar ese inmenso salón y pasar imperceptible ante las miradas que estarían esperándome.
Bajo mis pies la madera crujía provocando el mismo sonido que producía el roce de mis dientes.
Un leve sudor frió comenzaba a invadir mi cuerpo. Ansiedad, nervios, estupor, cualquier apelativo estaría bien utilizado.
No era la primera vez, no, no lo era.
El último paso y cruzar el umbral para llegar al salón, donde la tenue música reinante no llegaba a tapar los fuertes latidos de mi corazón.
Alguien fue a mi encuentro y me tomó del brazo. Tan encerrada en mis pensamientos que no me percaté que me estaba anunciando al grupo reducido  de cinco personas sentadas en rueda en medio de la habitación.
Otro se acerco a mí, retiró la capa que cubría mi desnudez.
Me sentí frágil, vulnerable…
Siempre tenia la misma sensación, una y otra vez pasar por lo mismo.
Quiso sacar la máscara que tapaba mi rostro, mas no lo dejé. Esa era la condición, el único pedacito mío sin exhibirse.
Ahí lo vi a él, y él me miró. Nuestros ojos se fusionaron como otras tantas veces, “durante breves minutos estuvimos haciendo nada mas que eso: mirándonos”
Cuando una voz interrumpió ese lapso en que nos sentíamos unidos; todos los días jueves.

-Alumnos por favor, la modelo ya esta lista, ¡comiencen a dibujarla!

miércoles, 28 de abril de 2010

NOSTALGIAS EN SEPIAS por GRACIELA ZECCA

Tarde invernal con un oscuro cielo adormecido. Caminar sin rumbo por esas calles vacías de almas, como sintiendo la escarcha que hace nido dentro mío.


Tan solo treinta años pasaron sin prisas, sin dejar huellas urdidas en mi vida. Solo hojas voladas de almanaques que se escaparon como el follaje de estos árboles desnudos, que arrancó la brisa.

Me perdí en las calles grises, respirando nostalgias. Adoquines desgastados por el tiempo, aromas a café humeante en algunas casas vecinas.

Dar y dar mas vueltas por este barrio de mi infancia. Poblado de casas desteñidas, de enredaderas resecas, y del azul de la nostalgia que me invade sin medida.

Oír un retumbar de voces, de aquellos amigos que se subieron a un tren de la vida diferente al mio.

Percibir esas fragancias de domingos, entre tucos y parrilladas, los bullicios, la algarabía. El repiquetear de una pelota y algún que otro llanto que cortaba la tarde sembrada de inocentes risas.

Tan solo treinta años en que unas botas oscuras, pesadas, sombrías me obligaron a partir arrancándome del barrio, llenando mi maleta de recuerdos para no hacer mi vida tan sepia, como aquellas viejas fotografías.

viernes, 26 de marzo de 2010

LLUVIA DE ENERO por GRACIELA ZECCA

El maná del cielo llegó a mojarnos la piel.
Agua estancada en ardientes baldosas
que no llegan a consumirla,
ahí tentadores se exhiben los charcos,
incitándonos a saltarlos,
Uno, dos, tres… podría contar decenas
en esta vereda quebrada,
donde las raíces de los árboles se enquistaron,
para aferrarse a la tierra.

El asfalto fagocita el torrente acumulado
en los cordones.
Como un río inquieto arremolina el agua,
la mece, la bambolea.
Mis pisadas tratan de sortearla,
corren, saltan, patinan,
y esos charcos que me inducen
a bañar las plantas de los pies en ellos.

La piel absorbe la mágica sensación
de una frescura casi regalada en una febril
tarde de enero.
Sólo para aliviar sudorosas espaldas,
que se contentan con esta tormenta de verano.
Mañana el sol volverá a brillar en lo alto,
el agua evaporada subirá al cielo,
para volver a rogar una y otra vez
que derrame sus lágrimas,
para seguir transitando el agobio de una estación
que ya no disfruto como antes.

sábado, 13 de febrero de 2010

REFLEXIONES INVASIVAS por Graciela Zecca

Reflexiones invasivas

Inventamos un mundo mágico
diseminado entre nuestras vidas cotidianas.
Teníamos la convicción que fue
concebido para sosegar
encadenamientos perjudiciales,
que día tras días tornaban gris
nuestros propios cielos.
Era un mundo con fronteras,
recatado, confortable, alentador.
Del que no osábamos cruzar esa
delgada línea que nos separaba,
entre esos infiernos tan temidos
y utópicos paraísos.

Detuvimos el tiempo,
una y otra vez,
nos aferramos a salvavidas nocivos,
para desviar nuestras miradas.
Lidiamos contra fantasmas,
que invadían
nuestras noches de vigilia.
Mendigamos cariño,
nos alimentamos del aire que nos rodeaba.
Temíamos caer al pozo oscuro
del vacío que nos absorbía.

Intempestivamente Luzbel,
se entrometió en nuestros caminos,
soltó lenguas,
hizo hablar miradas,
tentó caricias intencionadas,
fusionó deseos adormecidos,
envenenó nuestras sangres,
envició nuestras mentes reprimidas.

La intemperancia insumisa,
arrebataba el mundo inventado,
desvirtuaba lo cosechado,
inestabilizaba nuestra razón.
Rodamos hacia el pozo temido
que nos tragaba vivos,
aniquilando cariños,
coartando el amor nacido.
La cobardía enraizó nuestros pies,
discurrimos lo vivido y
nos sentamos como autómatas
a ver pasar el carro de los triunfantes,
aquel, al que nunca nos
atrevimos a subirnos.

jueves, 3 de diciembre de 2009

COMPLICIDAD por GRACIELA ZECCA (poema)




Una música tenue de jazz,
despertaba la noche,
a la distancia el azul mar,
con su arrullo insaciable
embadurnaba la arena seca
borrando antiguos pasos,
vestigios de otros tiempos.
La luna imprimada, cual blanco lienzo,
me observaba,
me inspiraba a
plasmar con mis pinceles,
su mágico encanto de complicidad.
Cocinar bajo su influjo,
afrodisíacas recetas de amor,
antigüedades en libros guardadas,
hechizos, conjuros y secretos
que a la hora del amor son usadas.
Transportarme a tu lado,  soñar,
anhelar el aquí y el ahora
de nuestros cuerpos fusionados.
Hacer gruñir nuestros corazones,
y expiar gritando esa necesidad
de alimentar la carne y el alma.
Podar toda imagen irreverente,
que otros ojos etiqueten lo prohibido,
de desearte hasta la medula y vibrar
con el sentir de tus manos que
atraviesan mis valles, mis montanas,
y tu lengua retozando como serpiente,
embriagándose en mi húmedo sexo,
para detenerse triunfalmente,
en el punto exacto,
solo ese que tu conoces,
ese en el que sucumbo una y otra vez agonizando.
Imágenes paganas invaden mi mente,
llenan tu ausencia,
esclava de mi sentir y de mi placer.
La noche se disipa,
el sol alumbra un nuevo día,
despertar, encontrar
dos tazas en la mesa,
una sola siempre estará vacía,
esperando  tu regreso para llenarla,
de café, y el amor de tu compañía.

(del Libro: "Rozando el Alma")
Ilustración: "Complicidad" de Graciela Zecca

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El guerrero y el cuervo por Graciela Zecca (microrelato)


El guerrero y el cuervo


Un joven guerrero marchó triunfante dentro de la ciudad sitiada.
Sus soldados exhibían morbosamente las cabezas de sus enemigos clavadas en las puntas de las lanzas.
Al entrar al palacio encontraron al Rey tumbado ante su trono, derrotado.
Pidió clemencia al ver que el guerrero se acercaba con su espada desenfundada para cortarle la cabeza.
Al verle los ojos comprendió que el pedido seria en vano.
Con un ágil movimiento se envolvió en su enorme capa negra convirtiéndose en un cuervo, cuyo vuelo raudo le permitió escapar de sus enemigos.
El guerrero ya no vive en paz. Desde que el hechicero del reino le vaticinó que su padre vendría por él para arrancarle los ojos.
Cerca de su morada, siempre hay un cuervo sigiloso, observando atento para llevar a cabo su cometido.

Relato ganador del 3er. puesto Concurso Literario "Claudio de Alas" realizado por el El Soneto Córdoba)

miércoles, 7 de octubre de 2009

EL TIEMPO por GRACIELA ZECCA

EL TIEMPO

La arena se desliza presurosa,
a llegar a su meta transitoria,
quizás, una mano guardiana del tiempo
revierta su final,
para volver a retomar el camino.

Una y otra vez minúsculas partículas
viajan incansables a través del fino cristal.
Una y otra vez se suceden
como hormigas laboriosas buscando su guarida,
acumulando

Y así como se desgrana el polvo
en la inmensidad del vacío,
los segundos, los minutos, las horas,
marcan la culminación del día,
arremetiendo la noche,
cual espina en la piel,
pariendo soledades.
Una y otra vez lo cansino,
girando como ruleta de feria,
desteñida, sombría…

Soledades que no se menguan,
y sucumben ante fluidos de otros cuerpos,
alientos y suspiros que llenan el aire,
pieles fundiéndose,
bocas devorándose.
Y el tiempo, ahí detenido,
…solo siete minutos,
en que la arena,
se durmió en el camino.

Graciela Zecca
(Publicado en el libro Rozando el Alma)

sábado, 3 de octubre de 2009

DONDE... por GRACIELA ZECCA


DONDE…

Donde las aves llegan,
donde los barcos se pierden,
donde el eco de tu voz
se hace mi propio silencio.

Anclaje de susurros
atrapados en infinitos momentos,
sin horarios ni días contados,
sólo en las inmensidades ineludibles
de nuestra propia existencia.

Recóndito lugar, donde
refugiamos nuestras penas,
los ahogos, las tristezas,
el desgaste de lo cotidiano,
el devenir de sentimientos
que se escabullen en
una isla distante,
en un mar efímero,
en medio de nuestros corazones.
Graciela Zecca
(del libro Rozando el Alma)

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL GRITO DEL MAR por GRACIELA ZECCA



EL GRITO DEL MAR
                                 “Yo busco un amigo en los caminos del agua”
    
I                                                 Eduardo Galeano

Se aferro a la única madera que estaba a pocos centímetros de sus manos. Sus brazos cansados no le permitían dar otra brazada más. La sal le quemaba en los labios, el agua congelaba su cuerpo y su estómago lo sentía como a un globo de aire a punto de estallar.
Cuanto tiempo estuvo tratando de mantenerse a flote nunca lo supo. Porque la espesura de la niebla y la oscuridad solo eran un telón de terciopelo negro presentado ante sus ojos.
Sentía solo agua, olía solo sal, no percibía más que el sonido del devenir de las olas, que lo bamboleaban como un columpio y él inmóvil asido a la tabla.
El mar enfurecido trataba de tragárselo como a una presa más de su alimento diario.
Segundos, minutos, horas… incansable la lucha.
¿Dejarse vencer o no?
Luchar, luchar… esas palabras martillaban en su cabeza.
Su mente ordenaba, pero el cuerpo ya no respondía.
Aún aferrado a la madera, casi amalgamados, siendo uno solo. Rezo en voz alta, sus palabras se hicieron eco en la noche.
Casi adormilado, cuando oyó la respuesta inmediata, un tremendo sacudón lo levantó por sobre el agua y se sintió arrastrar.
La espesura nunca dejo verle hacia donde.

II

Como un eco en la noche, el mar suelta su grito, rompiendo salientes, llevándose vestigios de otros tiempos.
Sus pasos cansados llegaban a la orilla, después de haber luchado contra ese mismo mar que lo arrojo a la playa devolviéndole la vida.
Fue un intercambio quizás... quizás su destino, dar a cambio algo por dejarlo vivo.
Miro la lejanía, pero sus ojos ardiendo de la sal que llevaban consigo,
no lo dejo ver claro, ni distinguir agua y horizonte,  o localizar un alma perdida.
Se arrodillo en la arena, se tomó la cabeza con las manos y lloró desconsolado, hasta que sus pulmones soltaran el aire y el mismo grito ahogado parecido al del mar que lo vomito en la orilla.


 Graciela Zecca
(del Libro de los Talleres de Edit. Dunken Nro: 3-año 2008)

jueves, 24 de septiembre de 2009

COPOS DE NIEVE por GRACIELA ZECCA




El frío era intenso. La nieve lo cubría todo. Ya nos habíamos acostumbrado a ese paisaje invernal perenne, pero lo que nos sobresaltaba eran los fuertes sacudones que antecedían a una intensa nevada.
Corríamos de un lado al otro en la pequeña cabaña de madera. Sosteniendo los muebles, los utensilios, todo lo que estuviera a nuestro alcance en ese preciso momento.
Cada uno de los que habitábamos la casa teníamos asignadas las tareas a realizar durante el temblor en que todo se daba vueltas.
Al principio nos tomó desprevenidos, con el tiempo fuimos intuyendo cuando se aproximaría ese momento en que la tranquilidad ya no reinaría en el hogar.
A veces eran esporádicos, otros entre dos o cuatro seguidos que nos dejaban mal parados y con fuertes dolores en todo el cuerpo por los golpes ocasionados contra las paredes y muebles.
Pero lo peor era durante el almuerzo o la cena en la cual los líquidos servidos quedaban derramados en toda la habitación y la comida estampada contra el techo.
Y volver una y otra vez a limpiarlo todo.
Aprendimos también a resignarnos. Ahí nos sentíamos protegidos, amparados, como viviendo en un mágico mundo dentro de la esfera de cristal. Después de todo, la vida no era tan aburrida.
A los niños les gusta ver caer los copos de nieve y a nosotros acomodar la casa cada vez que hacen girar la bola.

martes, 22 de septiembre de 2009

EL TIEMPO por GRACIELA ZECCA


EL TIEMPO
La arena se desliza presurosa,
a llegar a su meta transitoria,
quizás, una mano guardiana del tiempo
revierta su final,
para volver a retomar el camino.

Una y otra vez minúsculas partículas
viajan incansables a través del fino cristal.
Una y otra vez se suceden
como hormigas laboriosas buscando su guarida,
acumulando

Y así como se desgrana el polvo
en la inmensidad del vacío,
los segundos, los minutos, las horas,
marcan la culminación del día,
arremetiendo la noche,
cual espina en la piel,
pariendo soledades.
Una y otra vez lo cansino,
girando como ruleta de feria,
desteñida, sombría…

Soledades que no se menguan,
y sucumben ante fluidos de otros cuerpos,
alientos y suspiros que llenan el aire,
pieles fundiéndose,
bocas devorándose.
Y el tiempo, ahí detenido,
…solo siete minutos,
en que la arena,
se durmió en el camino.

Graciela Zecca
(del libro: Rozando el Alma)