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"Queremos que cada palabra ilumine tu rostro, roce tu alma, te eleves y echemos juntos a volar"




ROZANDO EL ALMA: GRUPO CASIOPEA LITERARIO


jueves, 28 de abril de 2011

Desbloqueados de oscuridad por MABEL DIAZ

La reconocí inmediatamente, podría haberla reconocido en medio de la multitud, sentí una indescriptible emoción
Reconocí su figura en medio de la multitud, desprendiéndose del flúor de las luces, desafiantes de poder, una emoción indescriptible me impulsó a sacarme el bozal de la noche, poniéndole fin al intenso bullir de prejuicios que amarraban mis pasos.
Sin demora, su presencia se recortó frente a mí, primero, hablaron las miradas, luego las palabras danzaron alrededor de afilados cuchillos, después se aquietaron en la calma de un beso, el beso llevó a las caricias y las caricias encendieron el fuego, ese fuego que te caracteriza y me lleva reconocerte, inmediatamente, aún en la distancia. 

lunes, 28 de febrero de 2011

Poemas de MABEL DIAZ


I
Fui testigo de mis propias pisadas



II
Incertidumbre,
pasos indecisos,
tropiezan, se enredan,
temen repetir
el mismo camino,
incapaz de comprender.
La salida espera.



III
Cuando el mundo decide
veo el contorno de tu espalda

jueves, 24 de febrero de 2011

LUIS CERNUDA (poesias- biografìa)




POEMAS
Te quiero

Te lo he dicho con el viento,
Jugueteando tal un animalito en la arena
O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,
Que dora desnudos cuerpos juveniles
Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
Frentes melancólicas que sostienen el cielo,
Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes
Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
Vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
Más allá de la vida
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor
Quiero decírtelo con el olvido.


Donde habite el olvido...

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


El viento y el alma

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.


Eras, instante, tan claro...

Eras, instante, tan claro.
Perdidamente te alejas,
dejando erguido al deseo
con sus vagas ansias tercas.

Siento huir bajo el otoño
pálidas aguas sin fuerza,
mientras se olvidan los árboles
de las hojas que desertan.

La llama tuerce su hastío,
sola su viva presencia,
y la lámpara ya duerme
sobre mis ojos en vela.

Cuán lejano todo. Muertas
las rosas que ayer abrieran,
aunque aliente su secreto
por las verdes alamedas.

Bajo tormentas la playa
será soledad de arena
donde el amor yazca en sueños.
La tierra y el mar lo esperan.


No decía palabras...

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.


No es el amor quien muere...

No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.

Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?

Sólo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.

Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.

No, no es el amor quien muere.

LUIS CERNUDA
Nace en Sevilla, el 21 de septiembre de 1902. Es hijo de un militar de carácter inflexible, que lo convierte pronto en su heredero, al morir durante la juventud del futuro poeta. Estudia Derecho en la Universidad de Sevilla, donde se contacta con Pedro Salinas, uno de sus docentes.
Al poeta y editor Manuel Altolaguirre, lo conoce en un viaje a Málaga, y en 1920, entra en contacto con los que serían los miembros de la Generación del 27, al mudarse a Madrid.

Si bien sigue la tradición romántica, es un rebelde solitario, que lucha con las imposiciones sociales de su época, contraponiendo constantemente realidad y deseo y el mundo burgués al natural, representando éste la expresión libre de los sentimientos, reprimidos por el mundo burgués.

En 1927, publica sus primeras poesías “Perfil de aire”, puras y elegantes. En 1928, “Égloga, elegía, oda”, en estilo clásico y romántico.
Reconoce su condición de homosexual, lo que le vale severas críticas de la sociedad de su época. Sin embargo, a su amor no correspondido, Serafín le dedica los libros: “Donde habite el olvido”, (1934), un libro neorromántico, con gran influencia de Bécquer, donde revela angustiosamente su frustración por un amor no correspondido. “Placeres prohibidos”, se escribe en defensa abierta a la homosexualidad y de carácter surrealista.

Transcurre un año trabajando como lector de español en la Universidad de Toulouse, y participa con optimismo, de la instauración de la República, esperanzado en lograr que su patria sea un lugar digno, tolerante y equitativo.
En 1936, publica “La realidad y el deseo”, en momentos en que estalla la Guerra Civil, y participa durante el desarrollo del conflicto bélico, del II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia.

En 1938 da unas conferencias en Inglaterra, iniciando un exilio por Inglaterra, Escocia y México, no regresando ya jamás a su España natal. A la Guerra Civil le dedica “Las nubes” (1940).

El drama se incluye en sus monólogos en “La adoración de los magos”, publicando luego “Como quien espera el alba” (1947) y “Ocnos”. Paulatinamente va renunciando en sus obras a toda ornamentación, a favor de un estilo simple, directo y duro, que alcanza su máxima expresión en “Desolación de la Quimera”.

Es en México donde le sorprende un nuevo amor, al que le dedica “Poemas para un cuerpo”, donde aparece ese sentimiento como experiencia feliz.
También la muerte, lo espera en ese terruño, poniendo fin a su existencia el 5 de noviembre de 1963.

En 1985 su única obra de teatro “La familia interrumpida”, llega a poder del público.

miércoles, 16 de febrero de 2011

SILVINA OCAMPO (poemas-biografía)

                                                         SILVINA OCAMPO
Diálogos
Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.

Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.

Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.

Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.

Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.

Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.



A VECES TE CONTEMPLO EN UNA RAMA

A veces te contemplo en una rama,
en una forma, a veces horrorosa,
en la noche, en el barro, en cualquier cosa,
mi corazón entero arde en tu llama.

Y sé que el cielo entre tus labios me ama,
que el aire forma tu perfil de diosa
de oro y de piedra, sola y orgullosa,
que nadie existirá si no te llama.

Entre tus manos quedaré indefensa,
no viviré si no es para buscarte
y cruzaré el dolor para adorarte,

pues siempre me darás tu recompensa,
que es mucho más de lo que te he pedido
y casi todo lo que habré querido.


AL RENCOR

No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.



CASTIGO

Transformará Minerva tus cabellos
en serpientes y un día al contemplarte
como en un templo oscuro, con destellos,
seré de piedra, para amarte.


El Perro Okinamaro

A Sei Shonagon
(que vivió en el siglo XI A.C)

Él, que paseaba un día coronado
de flores de durazno y de cerezo,
el triste Okinamaro como un preso
a la isla de los perros fue expulsado.
Cuando volvió al palacio oscuro, herido,
lo llamaste, pero él no te miró,
y nadie, nadie lo reconoció,
mas era él mismo, él mismo destituido.
Y lo reconociste en el momento
en que lloró a tus pies y que lo viste
desfigurado, sucio, hinchado y triste,
y lloraste con él su sentimiento


BIOGRAFÌA
Silvina Inocencia Ocampo Aguirre nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1903, en la casa de la calle Viamonte 550, como la menor de las seis hijas de Manuel Silvio Cecilio Ocampo y Ramona Aguirre Herrera (Victoria, Angélica, Francisca, Rosa, Clara Maria y Silvina). En su juventud estudió dibujo en París con Giorgio de Chirico y Fernand Léger. Entre su amigos famosos figuraba el escritor italiano Italo Calvino, quien prologó sus cuentos.
Poetisa, narradora y traductora, sus inicios en la literatura están ligados a la influencia de su hermana Victoria, fundadora de la revista Sur, y a la del escritor Adolfo Bioy Casares, al que conoció en el año 1933 y contraería matrimonio en 1940 y cuya hija ilegítima, Marta Bioy Ocampo (1954-1994), adoptaría. Su primera publicación profesional fue el libro de cuentos Viaje olvidado (1937), algo menospreciado en su época pero reivindicado en el ámbito académico después de su muerte.
En 1954 recibió el Premio Municipal de Literatura por su poemario Espacios métricos; en 1962, el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por dulce y en 1988 el Premio del Club de los 13 por Cornelia frente al espejo, su última antología de cuentos.
Su vasta producción, que va más allá de lo publicado, se vio interrumpida tres años antes de su muerte el 14 de diciembre de 1994 en Buenos Aires a causa de una enfermedad progresiva que la tuvo postrada durante varios años. Fue sepultada en la cripta familiar del cementerio de la Recoleta donde reposan también los restos de su hermana Victoria. No muy lejos se encuentra también la tumba de su esposo.

Obra narrativa
La obra de Silvina Ocampo es reconocida principalmente por su inagotable imaginación y su aguda atención por las inflexiones el lenguaje. Dueña de un lenguaje cultivado que sirve de soporte a sus retorcidas invenciones, Silvina disfraza su escritura con la inocencia de un niño para nombrar, ya sea con sorpresa o con indiferencia, la ruptura en lo cotidiano que instala la mayoría de sus relatos en el territorio de lo fantástico.
Esta habilidad lingüística se advierte temprano en su colección de cuentos Viaje Olvidado (1937), influida por el nonsense literario de Lewis Carroll, Katherine Mansfield y seguramente por el surrealismo que mamó de sus maestros pictóricos. El título del libro se refiere al cuento homónimo en que una niñita intenta recordar el momento de su nacimiento, logrando su autora un tejido de imaginación pura sobre la base de una típica duda infantil.
Si los relatos de este volumen parecían más bien miniaturas o pequeños pantallazos de la memoria deformados por la imaginación, sus siguientes colecciones (Autobiografía de Irene, y muy especialmente La furia o Los días de la noche) conservan un poco más la estructura tradicional del cuento y muestran a la Silvina Ocampo más prototípica. Metamorfosis, ironía, figuras persecutorias, humor negro, y el reinado imperante del oxímoron y de la sinestesia marcan esta serie de relatos donde aparecen incesantes galerías de personajes y contextos dominadas por pasillos y patios de grandes caserones así como por la enigmática presencia de niños ligados al horror y la crueldad como víctimas o victimarios, según la ocasión.



Obra poética
Su labor poética estuvo dominada en un principio por los metros clásicos y por rimas inocentes, muchas veces dedicadas a la descripción y exaltación de la belleza de elementos naturales como las plantas (confesa pasión de la escritora) como se puede apreciar en Espacios métricos o en Los sonetos del jardín que tras el poemario Enumeración de la patria siguieron a Viaje Olvidado. Sin embargo posteriores poemarios como Los nombres, Lo amargo por dulce o Amarillo celeste muestran un verso más elaborado y a la vez desinteresado por el clasicismo.
Con Espacios métricos, publicado en 1942 por la editorial Sur, obtuvo el Premio municipal en 1954. Obtuvo el Segundo Premio Nacional de poesía por Los nombres en 1953 y volvió a obtener una distinción en 1962 por Lo amargo por dulce, el Premio Nacional de poesía.
En colaboración con Adolfo Bioy Casares publicó la novela policíaca Los que aman, odian, en 1946 y con Juan Rodolfo Wilcock la obra de teatro Los Traidores, en 1956. Publicó en colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, la célebre Antología de la literatura fantástica, en 1940, y la Antología poética argentina, en 1941.
En los últimos años el ámbito académico argentino ha redescubierto a Silvina Ocampo, no muy leída ni apreciada en vida, coincidiendo con la publicación de algunas obras inéditas en recopilaciones como Las repeticiones y otros cuentos (2006) o Ejércitos de la oscuridad (2008).

Cuentos

Viaje Olvidado, Buenos Aires, Sur, 1937.
Autobiografía de Irene (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1948.
El pecado mortal (antología de relatos), Buenos Aires, Eudeba, 1966.
Los días de la noche (cuentos), Buenos Aires, Sudamericana,1970.
Informe del cielo y del infierno (antología de relatos), con prólogo de Edgardo Cozarinsky, Caracas, Monte Ávila, 1970
La furia (cuentos, género fantástico), Buenos Aires, Sur, 1959. Reeditado en Orión, 1976.
Las invitadas (cuentos), Buenos Aires, Losada, 1961. Reeditado en Orión, 1979.
El cofre volante (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1974.
El tobogán (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1975.
El caballo alado (cuentos infantiles), Buenos Aires, De la flor, 1976.
La naranja maravillosa (cuentos infantiles), Buenos Aires, Sudamericana, 1977.
Canto escolar (cuentos infantiles), Buenos Aires, Fraterna, 1979.
Y así sucesivamente (cuentos), Barcelona, Tusquets, 1987.
Cornelia frente al espejo, Barcelona, Tusquets, 1988. Premio del Club de los 13.
Las reglas del secreto (antología), Fondo de Cultura Económica, 1991.
Las repeticiones(cuentos), Buenos Aires, Sudamericana, 2006. (publicación post mortem)
El vestido de terciopelo(cuento),Buenos Aires,Editorial Estrada S.A,2009


Poesía

Antología poética argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 1941.
Enumeración de la patria (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942.
Espacios métricos (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. Premio Municipal.
Poemas de amor desesperado (poesía), Buenos Aires, Sudamericana,1949.
Los nombres (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1953. Premio Nacional de Poesía.
Los sonetos del jardín (poesía), Buenos Aires, Sur, 1946.
Lo amargo por dulce (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1962. Premio Nacional de Poesía.
Amarillo celeste (poesía), Buenos Aires, Losada, 1972.
Árboles de Buenos Aires (poesía), Buenos Aires, Crea, 1979.
Breve Santoral (poesía), Buenos Aires, Ediciones de arte Gaglione, 1985.


Novelas
Los que aman, odian, Buenos Aires, Emecé, 1946.(con Adolfo Bioy Casares)
La torre sin fin, Buenos Aires, Sudamericana, 2007 (post mortem)


Teatro
Los traidores (pieza teatral en verso), Buenos Aires, Losange, 1956 (con Juan Rodolfo Wilcock)

(fuente_ Wikipedia)

martes, 1 de febrero de 2011

Demasiado niña por MABEL DIAZ


Bajó del automóvil con la mirada fija en el enorme reloj de la estación, tuvo que correr para alcanzar el tren que ya partía, al hacerlo se le doblaron los tobillos por el esfuerzo, llevaba puestos unos zapatos demasiado altos, que tratan inútilmente en ponerse de acuerdo con ese cuerpo de niña adolescente.
Respiró profundo cuando al fin pudo sentarse, estiró los pies doloridos al mismo tiempo que se alisa el largo cabello, despeinado por el apuro.
Un rato después, más tranquila, acercó su mano al bolsillo trasero de la minifalda casi ausente, con el temor de haber perdido el dinero que antes de bajar del auto había guardado, comprobando que aún estaba allí. Era para comprarse las zapatillas que a ella tanto le gustaban.
Sin dejar de pensar en su procedencia, sintió una desagradable sensación de asco en el estómago, había sido su primera vez y era sólo el comienzo.
Sacudió la cabeza con la firme actitud de alejar esos pensamientos.
Llegó al centro comercial antes que cerraran. Su joven edad le hizo recobrar el humor y empezó a disfrutar con desbordante alegría su compra tan ansiada.
Luego, regresaría a la estación, para trabajar unas horas más, pero antes comería algo. Ahora estaba convencida que esa horrible sensación de asco se la producía el hambre.

miércoles, 19 de enero de 2011

EL CAZADOR DE SUEÑOS (microrelato) por GRACIELA ZECCA




Deambulaba por el mundo haciendo su trabajo nocturno.
Expectante y dispuesto a realizarlo con eficiencia, se pasaba largas horas sentado frente a una enorme bola de cristal visualizando los sueños de los mortales. Siempre atento a seleccionar aquél que fuera especial, que se diferenciara de los otros, que contuviera una extrema dosis de locura, para luego tele transportarse raudamente hasta el sitio donde había sido gestado, alcanzarlo con su red y llevárselo consigo.
En el viejo castillo que habitaba, exhibía en las paredes de las habitaciones, su colección de sueños atrapados.
Los había de todos los colores, formas y tamaños.
Porque la locura es como los perfumes caros, los más pequeños casi siempre tienen una dosis mayor de concentración y son inigualables.
Su única prohibición era atrapar sueños normales.
A ciencia cierta no se sabe desde cuando fue empleado para tan minuciosa tarea, se dice por ahí que hace tiempo se escapó de un hospital neuropsiquiátrico.

lunes, 10 de enero de 2011

ECOS por PATRICIA TORRES

Las vías estaban muertas desde hacía muchos años.
El paso de transportes modernos, dejaron su existencia hospedada en el olvido. A nadie más le interesó la vieja estación, ni los paseos por el andén. El aeropuerto se convirtió en una mejor atracción, provocando en las personas, una amnesia sin retorno.
La gente no se preguntó por la máquina, ni los vagones.
El viejo Elvio guardó sus sueños de libertad en una maleta y se lanzó a las calles a buscar empleo. Toda su vida había sido maquinista del ferrocarril en esa época en que la gente al nombrar el oficio, lo hacía con mayúsculas y envidia.
Se subía a su corcel metálico que lanzaba humo y dominaba las praderas, uniendo los pueblos, transportando gente con esperanzas. Tenía dominio sobre los territorios y el don de acortar las distancias.
Años más tarde, mientras barría el patio del gran colegio, se sentía condenado a la soledad, lejos de sus sueños pero renaciendo en ellos.
El guardabarreras, tuvo un destino similar.
El olvido con sus velos envolventes, los enrolló en los confines de un pasado, que solamente siguió latente en el recuerdo de quienes no desearon perder la memoria, ya que hicieron de esos instantes los mejores de sus vidas.
Fueron por años dos seres alejados de sus deseos.
Nadie recuerda como ni cuando terminaron sus días.
Todos los habitantes cercanos a la estación, aseguran que, carcajadas intensas invaden el aire, mientras el silbido de un tren suena en el viento, quince minutos antes de la media noche, al bajarse por un instante y en forma inexplicable la vieja barrera.

(del Libro "Paralelismos")

domingo, 28 de noviembre de 2010

INCONDICIONALIDAD por GRACIELA ZECCA del Libro "PARALELISMOS"


Incondicionalidad


El viejo reloj de la estación se confunde entre la neblina matinal. Los pasos presurosos, y los más sosegados transitan por el andén. Son escasos los minutos en los que el bullicio invade el ambiente. Vuelve a sonar el silbato de la máquina, preparándose para proseguir el viaje. Algunos suben a los vagones, otros pocos quedan varados en la estación alzando sus manos y en cada despedida una lágrima rueda por alguna mejilla.
Soy testigo desde hace años de este acontecer. Aún recuerdo viejos tiempos en que no cesaban de llegar trenes de distintas localidades, eran tiempos de gran algarabía para todos.
Los vendedores regresaban a sus hogares con las cajas vacías y los bolsillos llenos. El despacho de boletos era constante con un ir y venir de pasajeros de todas partes. En esa época nunca me sentí solo, jamás pase hambre ni frío. Siempre había una mano cálida y generosa que me alcanzaba algo de comer, o una caricia justa cuando me sentía más solitario. Hasta tenía mi propio resguardo dentro de una de las oficinas de la estación. Los “muchachos” como se llamaban entre ellos, me daban cobijo, me protegían a veces de esos chicos indeseables a los que les encantaba arrojar piedras.
Así fue pasando el tiempo y llegó mi vejez. Hoy no transita la misma cantidad de gente. Los trenes arriban cada tres o cuatro días. Ya no hay tantos vendedores generosos que me regalen algunas migajas. Aquellos “muchachos” de las oficinas no están más, fueron trasladados. Se cerró con llave y se clausuró gran parte del edificio de la estación. No tengo resguardo.
El viejo reloj es el único que acompaña mis días, siempre puntual me avisa el paso del tiempo. No soy más el perro de la Estación Rosario Norte, ahora sólo un callejero que tiene que rebuscárselas en la basura para llenar su panza cada día.
Hace tiempo que pienso marcharme de este sitio, pero me da pena dejar solo al viejo reloj, mi único amigo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

GIGANTES DORMIDOS por MABEL DIAZ

El siguiente texto y su fotografia, pertenecen el libro "Paralelismos"

Debajo del puente, yacen dormidos los gigantes, como una masa de hierro enmohecido. Chorreados por ríos de lágrimas oxidadas, desprendiendo la pintura que alguna vez fue brillante.
En los vagones antes inundados de sueños, anidan las palomas y habitan indigentes que perdieron la dignidad de tener un hogar.
Apoyada en la barandilla del viaducto, descubrí a ese rebaño de metal, expuesto a las inclemencias del tiempo y la rapiña.
Sentí que mi alma se enternecía, no acertaba a comprender que capricho influyó en la decisión de detenerlos.
Si aguzara el oído, vendrían a mí voces lejanas, gente que volvía o se marchaba con expresiones de alborozo o tristeza, corriendo en los pasillos preocupados por sus tareas cotidianas.
De pronto nació en mí el anhelo de ver esos gigantes despiertos. Los imagino saliendo de la boca de una montaña, asomando su trompa entre los sembradíos o serpenteando como culebra en la inmensidad de la selva, rompiendo con su silbato la tranquilidad de los pueblos.
Mágicas regiones que comenzaron una siesta interminable, el día en que alguien tuvo la cruel ocurrencia de dejarlos tirados como chatarra vieja.

lunes, 25 de octubre de 2010

Seducción en si bemol por PATRICIA TORRES


Quedó solo en medio de la sala.
Ni un sonido brota de sus teclas.
Las cortinas añoran la música que las ayuda a justificar el descocado coqueteo que improvisan con el viento mientras las hace bailar.
Sin la música quedan expuestas y su romance descubierto.
Le susurran ayuda al oído, pero el piano, aparentando indiferencia, no les responde, mientras espera esas manos, que camufladas de arte, le proporcionarán las caricias que le darán vida.

viernes, 15 de octubre de 2010

ENVOLTORIO por PATRICIA TORRES


El hombre recibió la noticia como si tal cosa, dijo la gente luego de observar su conducta.
Se quedó parado, con las manos en los bolsillos, la cabeza semi erguida. Apoyado contra la pared, con una pierna enroscada en la otra. Los ojos fijos en un mismo punto, ni un leve pestañeo los humedecía, la boca esculpida en el gesto de siempre, sin mueca ni simulacro. Los músculos de la cara y el cuerpo colocados en su lugar, en forma ordenada y rutinaria.
No se le movió ni un pelo, añadió una vieja chusma y malintencionada que cobraba vida con la saña de sus comentarios. En la ceguera producida por la visualización de la superficie no pudieron percibir que las vísceras del hombre estaban paralizadas por el desconsuelo.

viernes, 1 de octubre de 2010

DELETE por GRACIELA ZECCA


“Comenzó a recordar con mas precisión los objetos que habían poblado su vida”
al releer el diario íntimo que hacia tantos años atrás había escrito, en él pudo comprobar que alguna vez tuvo una muñeca de porcelana vestida de gitana, un oso de peluche negro y blanco, un arlequín de colorido ropaje verde y amarillo, con cascabeles en su gorro. Muñecos que le fueron regalados en su octavo cumpleaños.
Al seguir leyendo se acordó de la cajita de música a cuerdas, de la cual al abrirla una graciosa bailarina vestida de blanco, giraba al compás de la música de un vals vienés.
Cuanto tiempo esa melodía acompañó sus sueños no lo recordaba, y menos aún el destino de la misma.
Comprobó que alguna vez tuvo una gran colección de discos de vinilo en la que sobresalían, Los Beatles. Levemente sonó en su cabeza: Let it be, pero ni siquiera pudo acordarse de la letra.
Trató de seguir leyendo con más atención para recordar a los integrantes de una foto pegada en una de las páginas. Caras desconocidas en este momento, pero que intuyó que alguna vez fueron parte de su vida. Al verlos sonrientes dedujo que fueron tiempos felices que compartieron con ella.
Sin embargo le costó verse ahí retratada. Buscó un espejo y se miró en él. Sintió pesar y tristeza, no se reconocía.
Era la imagen de una extraña la que se reflejaba.
Fue hasta la cocina donde se hallaba el hombre que decía ser su marido y le dijo:
- acabo de darme cuenta que no sé quien soy, no pretendas que recuerde quien eres o que haces en mi vida, solamente deberé creerte que no me estas mintiendo.
Él se acercó para abrazarla. Rodaron sobre sus mejillas lágrimas. En ese momento comprobó con veracidad el diagnóstico del médico. Pensó: tan cerca y tan lejos, la voy perdiendo cada día. Se preguntó: -¿como podré llenar ese abismo que nos separará aún más con el tiempo?
Dejó de pensar para abrazarla con todas sus fuerzas, quizás seria la última vez que ella se dejara abrazar.


[1] (del cuento: Los objetos de Silvina Ocampo)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Entre prìmulas y narcisos por PATRICIA TORRES


El poeta no es el mejor Dios, me hubiese gustado decirle.
Tampoco el peor.
Ni siquiera es un Dios sin adjetivar, visto desde ninguna de las aristas del papel que se pliega y se abolla en los caminos de la tinta.
El poeta espanta los micrófonos y escapa a las escaleras de los escenarios, al menos a veces lo hace, otras, las frases son las que desean compartirse, ya que el arte tiene alas sobre las vértebras y plumas entre las costillas.
El poema se hace liviano, vuela, se convierte en nube que luego se transforma en roca de cordillera o en piel de hámster descansando en colchones de aserrín, contenido por barrotes de alambre.
Las letras toman vida, se agrupan, quieren que las vean mientras juegan a la ronda y que sientan su gusto a chocolate. Desean pegotear los ojos con caramelo de menta y hacer que las manos siembren jardines de prímulas y narcisos.
Ambicionan entonar melodías que alucinen los oídos y hacen caminos de estrellas para que los transiten los pies desnudos de quien no encuentra su senda.
El poeta, no es el mejor Dios, tampoco el peor, ni siquiera uno sin adjetivar, me hubiese gustado decirle, tan sólo es el instrumento que ejecutan las palabras que en su vanidad enmascarada, desean ser escuchadas.

Poema sin tìtulo por MABEL DÌAZ

Llueven las piedras

caen los culpables

los patios y las calles /ahora/

se encuentran vacías.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Del espacio al nombre por MABEL DÌAZ


Sin condición de tamaño, las prendas cuelgan de la soga, expuestas a la caricia del sol, como frases lanzadas al viento. Las camisas forman una eme, los pantalones hacen de A, medias con talones las eles, una bufanda la I. El conglomerado jeroglífico invita al vuelo de la imaginación. Algún soñador se atreverá a descolgarlas de ese espacio incierto, agrupándolas en la mente, y les dará libertad en el contenido de un texto.
De un simple hecho, nace el poema; surge el cuento, con lentitud, saboreando cada sílaba, hasta llegar al nudo del desenlace. En ese momento, el escritor, invadido por la tristeza, deberá cortar el cordón que los une.
Él le dio vida a las palabras, voz y nombre a los personajes, y ellos crecieron, como crecen los hijos. Ahora, no lo necesitan. Otras mentes se ocuparán de continuar el viaje.

1293 Maneras de calificar, decir y accionar por GRACIELA ZECCA

La distancia:

Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.

Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.

Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.

Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.

Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.

Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.

Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.

Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.

Arrasa, destruye, prohíbe,
consume, reprende, extingue,
concluye, disipa, desgaja.

Aparta, oculta, separa,
despoja, suprime, abate,
desconsuela, hiere, roba.

Aflige, acongoja, arranca,
extirpa, desarraiga, extermina,
esparce, desgasta, descuaja.

Apena, resiente, percibe,
conmueve, oprime, persuade,
cansa, musita, repugna.

Apesadumbra, fastidia, encubre,
desecha, supone, juzga,
desvanece, restringe, hastía.

Aburre, disfraza, secciona,
embauca, rebaja, tapa,
enjuicia, ciñe, mutila.

Aleja, dictamina, sentencia,
condiciona, provoca, lastima,
coarta , manipula, condena.

Agota, utiliza, cercena,
entierra, deroga, recata,
esconde , resiente, amputa.

Apremia, redime, subleva,
desune, odia, arrasa,
duele, carcome, roe.

Acobarda, induce, sosiega,
planea, reduce, examina,
proyecta, mitiga, disimula.

Acopia, disminuye, aminora,
recapacita, comprende, intenta,
reflexiona, medita, junta.

Aprecia, blande, experimenta,
siente, concibe, rescata,
suspira, apaga, une.

Acorta, conduce, percibe,
alcanza , tolera, consigue,
alumbra, suplica, reúne.

Adora, logra, despeja,
ambiciona, quiere, encanta,
abriga, suspira, anima.

Apega, reanima, protege,
excita, suaviza, apoya,
escuda, aboga, cobija.

Anexa, templa, aspira,
socorre, ensancha, ansia,
suma, considera, augura.

Anhela, valora, estima,
alienta, presagia, indulta,
aprecia, adapta, ama.

LÍRICA DE UN CUENTO por Patricia Torres


Por el laberinto sin luces transitaron las sombras.
Se adhirieron a los árboles pegoteando las cortezas,
retorcieron las raíces y resecaron las ramas.
Nadie vivía entre los troncos paralelos,
necesitados de un contacto amoroso.
Las copas de poca frondosidad,
ostentaban su inexistencia,
enredando las ramas en un juego de acercamiento.
Los brotes resecos desde su nacimiento,
se entrelazaban suplicando por sentir
el paso de la savia en el árbol vecino.
La maldición había llegado al bosque,
todos sus habitantes percibieron
que el espíritu de la soledad rondaba.
Resolvieron abandonar el lugar.
Un alma errante descubrió el páramo y transitó por él.
Sus pasos dolientes, pisotearon las hojas secas,
produciendo crujidos que sonaron como música
a los oídos de los árboles que se resistían a la condena.
En ese desierto de angustias verticales, el ánima,
en forma accidental, deslizó su mano a modo de caricia
Una sonrisa brillante se manifestó en las hojas más bajas.
En agradecimiento a la manifestación de ternura,
los árboles tomaron distancias
dejando libre un sendero con una tenue luz al final.
Los chasquidos de esos pasos que corrían hacia la salida,
generaron risas en los árboles impregnados de abandono.
Más hojas brillantes, savia en ebullición,
que atrajeron otras pisadas deseosas de transitar la senda.
El hechizo culminaba.
La tristeza a la que condena la soledad
llegaba a su fin.

lunes, 13 de septiembre de 2010

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA DE ROSARIO

Entre el 21 y el 26 de septiembre de 2010 se realizará el XVIII Festival Internacional de Poesía de Rosario, organizado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y el Centro Cultural Parque de España/AECID.